lunes, 14 de junio de 2010
viernes, 11 de junio de 2010
La eficacia de la ortodoxia

La guerra con Clarín está llegando a su clímax. Así lo muestra la aceleración del análisis de ADN de los hijos adoptivos de Noble y del dictamen de la Corte Suprema sobre la suspensión de la Ley de Medios. Así lo muestra, también, la ortodoxia militante de 6, 7, 8, observable no solo en la machacanería en torno a Marcela y Felipe sino también en la rigidez cartoneril del nuevo logo del programa. Este no es un post sobre 6, 7, 8, pero me permito la digresión de defender el programa frente a cierta actitud crítica que pulula por la blogósfera nac & pop. Allí (aquí, perdón) se valora más la respuesta de un Boudou en un programa de algún multimedio -de dudosa eficacia- que los archivos insistentes destinados a invitados que se parecen mucho. Hay algo cierto: el supuesto debate en torno al tape muchas veces no es más que superponer capas y capas de un retórica bastante insulsa. 6, 7, 8 no le propone al espectador que escuche las dos campanas y elija cuál le suena más nítida, o más contundente. No produce el debate, sino que más bien lo escenifica. Pero el target del programa es bien claro: la clase media progresista que se acostumbró a la desilusión (Alfonsín, la Alianza) y que sabe subirse al tren cuando algo interesante pasa en la política (y en los medios). Esa es la palabra de la class media: "interesante". Y esa clase gusta de la retórica: no le embola que Estela de Carlotto sea parte del decorado. Los Derechos Humanos son su jerga. 6, 7, 8 es un producto para una sector del mercado (perdón, sociedad) bien definido y concreto. Y en tiempos de intensa diversificación de la demanda (ah, porque en "lo económico", los noventa siguen), allí reside su eficacia política.
(Como se habrán dado cuenta, la digresión se comió el post. En la próxima va la reflexión inicial).
domingo, 6 de junio de 2010
lunes, 31 de mayo de 2010
Periodizar es hacer política
*I
"El Conu" publicó hace unos días una encuesta interesante: ¿Cuándo terminaron "los noventa"? Las cuatro opciones son: con M*nem, con Duhalde, con Kirchner y no sé. La encuesta reacciona contra el uso habitual de esa categoría como estrategia militante. Los noventa son "pasado-pasado", según Conu, y el kirchnerismo debe hacer política relacionándose con su pasado, no con aquel lejano. La encuesta reunió, hasta ahora, más de 200 votos y 50 comentarios. Cuatro blogueros publicaron entradas alusivas, justificando su voto y haciéndose eco de la encuesta. Los resultados parciales mayoritarios son 'con Kirchner' 54% y 'con Duhalde' 38%.
II
La pregunta por el fin de una época, en un formato de escritura periódica como el blog, da cuenta de que algunos nos sentimos en medio de una transición histórica, y que necesitamos definir el límite anterior (el inicio) de esa transición para posicionarnos mejor y ser eficaces para sumar. En 2007 fue suficiente marcar una diferencia: un "país distinto", dijo CFK en su discurso de asunción, marcando el final de una etapa. Después, la diferencia se convirtió en oposición. Luego del fracaso de la estrategia "Nosotros o el 2001", el kirchnerismo tenía que poder señalar el neoliberalismo, y ahí estaba la tapa de Clarín.
III
Yo voté por Duhalde: década del noventa no es igual a neoliberalismo -con el que seguimos luchando. Todavía no podemos nombrar el futuro, así que tomamos el atajo del pasado (1946, o 1974).
IV
Un comentarista ratificó mi tesis de que Ricky es cosa del presente.
V
Bicentenario: ¿De la fiesta menemista a la alegría kirchnerista?
(*) Para mí los noventa fueron Vilma Palma e Vampiros.
sábado, 8 de mayo de 2010

Últimamente estoy trabajando la idea de que Kirchner no puede encarnar ningún futuro, la nueva política, la nueva sociedad o como quiera decirse. Creo, más bien, que es el único que queda de la política nacional de los últimos cuarenta años que puede meter el país en el baúl del auto y llevarlo hacia un lugar distinto. Incluso podría pensarse la cuestión en términos generacionales: producir generaciones de políticos -y entre ellos, unos poquitos conductores- es una de las tareas básicas de un país. La generación que escuchó hablar de Evita a sus viejos, la que fue a Ezeiza a recibir a Perón, la que fue reprimida, la que participó de los noventa, tuvo dos timoneles de Estado: Carlos Menem y Néstor Kirchner, que fueron, ante todo, dos grandes normalizadores (cuando "los setenta" tenían que llegar a su fin para pasar a otra cosa, llegó Menem, y cuando esa otra cosa -la convertibilidad en su sentido más total, como reforma económica y cultural- hizo crisis, llegó Kirchner). La fábrica de dirigentes se encarga de que alguien tenga capacidad de atracción o lucidez histórica para encarar las reformas necesarias, para marcar un punto de inflexión en la historia. Y, por supuesto, un dirigente siempre pone un poco de lo suyo: acepta el reto, o está ahí, en el momento justo.
Cuando Menem se abstiene para que Marcó del Pont pueda ser presidenta del Banco Central, reconoce que en el asiento del conductor viaja Néstor Kirchner.
miércoles, 28 de abril de 2010
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