martes, 26 de octubre de 2010

La planilla del censista en el barro de la política


"Un saludo para todos los censistas y censados de la Argentina! Construyamos juntos y con la mayor eficacia posible una herramienta clave para definir las próximas políticas públicas." He aquí mi estado en el Facebook, similar al de muchos compañeros kirchneristas o filokirchneristas que andan pululando por la red social. Una constatación básica: es probable que a buena parte de la sociedad argentina le importe poco y nada la "madre de todas las batallas", que pocos hayan esperado el asesinato de Mariano para reafirmar su antikirchnerismo, etc., pero lo cierto es que la política se respira en el aire. ¡¿O acaso alguien se imaginó alguna vez que iba a levantar como bandera política un censo, algo en lo cual poca gente esperaría el puntapié inicial para la política que le solucionará al menos alguno de los problemas que tiene?!

Lo curioso es que en lugar de apelar a la cuestionabilidad del INDEC, los medios recurrieron al tan mentado tópico -inflado pero no por eso menos "real"- de la inseguridad. Es que hay algo interesante en el Censo 2010. No se trata de una actividad que uno pueda cubrir rápidamente del halo de sospecha gubernamental, ideada por un funcionario oscuro en una oficina que poco tiene que ver con la casa de uno. Hay algo irremediablemente colectivo en el Censo: mañana, cerca de cuarenta millones de argentinos se van a encontrar con más de 650.000 compatriotas para hablar, en el lenguaje de la estadística, esto es el lenguaje del Estado vuelto instrumento político, sobre sí mismos y sobre los suyos, sobre sus condiciones de vida. El Estado planifica y dirige, pero el Censo, en parte, es una construcción colectiva. No de cualquier colectivo. De ese colectivo difuso que alguien llamó "sociedad civil". Un colectivo artificial, como cualquier colectivo, funcional a los fines de una política de Estado. Una ciudadanía. El Censo construye ciudadanía.

El censo también es una buena oportunidad para apreciar los límites inherentes a cualquier estadística: un lenguaje estandarizado nunca coincide exactamente con el modo en que cada uno piensa y siente su vida. El censo construye una realidad absolutamente interesada: nadie "manipula" una estadística. Las estadísticas las hace alguien y ya desde el nacimiento están "manchadas". ¿No sería un buen momento para que el gobierno saliera a decir: "Muchachos, esto siempre es un invento. El problema es para qué lo usamos"? En ese sinceramiento nacen las políticas públicas. El gobierno se vuelve Estado y al mismo tiempo se recorta como gobierno que quiere más Estado. El Censo también es más Estado: es construcción de Ciudanía.

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